
Hola. ¿Qué tal, cómo estás? Soy Carlos Vitesse, y te doy la bienvenida a una nueva entrega de Bitácora Mental.
Septiembre va avanzando a paso firme, y si bien técnicamente al verano le quedan aún un par de semanas, en la práctica, la época de vacaciones por excelencia, ahora mismo ya es un capítulo cerrado y parte de la historia personal de la inmensa mayoría de los españoles.
Al momento de grabar este audio, el calor intenso continúa castigando sin piedad innumerables sitios a lo largo y ancho de nuestro país, en un septiembre que no quiere ser menos que agosto, julio, junio o incluso algún día de mayo, donde ya teníamos avisos de lo que se nos venía encima.
Y ahora mismo, al igual que en todo el período estival, la gente continúa buscando alivio a ese calor sofocante, que tanto en España como en toda Europa se ha llevado por delante a miles de personas, entre golpes de calor y situaciones varias que terminaron con desenlace mortal, directa o indirectamente por causas relacionadas con las altísimas temperaturas.
Y dentro de quienes pudieron hacer algo para paliar esta sensación térmica “asesina”, estuvieron aquellos que pudieron apelar al confort de un aire acondicionado, o en el peor de los casos al ventilador de toda la vida, que, removiendo el aire infernal, disimulaba desastrosamente una realidad insoportable.
También los ha habido con la fortuna de viajar y alejarse de los puntos más calientes, o por qué no, aquellos que con infinita sabiduría, consiguieron la sombra y el fresco de entre casa, en la sabia naturaleza.
Otros, lejos de “huir” del calor, o quizá en una combinación de soluciones, han optado por la costa, la playa y el mar como nivelador de temperaturas, incluso corporales.
Pero también los hubo y los hay de todas las edades, desde niños a adultos mayores, que por las razones que sean han optado por las piscinas públicas, para darse un chapuzón en medio de la ciudad, o quizá el pueblo de turno, y aliviarse así del calor, todo un reto. Y vaya dos palabras que acabo de pronunciar: aliviar y reto.
Puede que a esta altura ya te hayas dado cuenta por dónde voy, pero si aún no te has enterado, dentro de la estupidez humana, potenciada a su máxima expresión, existen individuos —entiéndase ambos sexos— que han decidido formar parte del “reto marrón”. Ni más ni menos que defecar en piscinas públicas para provocar su cierre, por el evidente riesgo sanitario.
Y esto ha ocurrido a lo largo del verano, y probablemente ahora mismo, alguno de estos iluminados consumidores de basura a través de las redes sociales, se encuentre plantando su semilla (por decirlo elegantemente) para que en el lugar donde viven o hayan decidido hacerlo, se le fastidien los planes a quienes pensaban darse un baño y disfrutar de esta época del año.
Y esto ha ocurrido en muchísimos sitios en toda España, y obviamente también en Catalunya, donde resido. Así que, solo por citar uno muy conocido y concurrido, te cuento que PortAventura, en Salou, un parque con millones de visitantes, fue objetivo del reto, y durante una de las olas de calor, tuvo que cerrar temporalmente al haber detectado materia fecal en piscinas, teniendo que atenerse al Real Decreto 742/2013 cuando la calidad del agua evidentemente no cumple las normativas, momento en que hay que proceder al cierre inmediato de la piscina afectada, hasta que se complete la desinfección total, que lleva tiempo y dinero, en un protocolo sanitario que puede provocar el cierre entre 1 y 2 días.
Y hablando de afectar, he leído al pasar en algún artículo a lo largo del verano, donde se daba cuenta de que este tipo de conductas en algunas instalaciones se habían repetido varias veces en un período de tiempo relativamente corto, lo que sin duda deja claro que el coeficiente intelectual de una parte de la población está en niveles más que preocupantes. Es que no estamos hablando de travesuras, son atentados contra la salud pública, que pueden provocar todo tipo de enfermedades, con graves consecuencias.
Desconozco las edades de quienes se prestan a participar de este tipo de los mal llamados “retos”, porque seguro el abanico será amplio, pero sabemos que iluminados o aquellos que así se perciben a sí mismos existen en todas las generaciones. Y leyendo otro artículo, mencionaban que en uno de los casos ocurridos, creo, en agosto, un testigo había identificado a cuatro menores de entre 11 y 13 años, aparentemente acompañados de familiares mayores de edad, y se estaba investigando el tema para depurar responsabilidades.
Y cito esto de los menores, porque probablemente sean la “carne de cañón” de estas cosas en redes sociales, mentes “tiernas” o a veces no tanto, que se embarcan en este tipo de supuestos desafíos, como forma de ganar popularidad y destacar vaya a saber dónde. Esto, una vez más, nos alerta sobre los peligros de la sociedad actual y la necesidad de implicarse al máximo por parte de los padres o familiar a cargo, para “guiar” por el buen camino a quienes no lo tienen claro, o al menos intentarlo, porque ya sabemos que siempre hay causas perdidas.
En el caso este que mencionaba de los menores, no sé si se ha resuelto ya, pero parece que había una multa prevista y que sería de unos 3,000 euros, además de la imposibilidad de utilizar la piscina durante 5 años y tener que hacerse cargo de los costes de la limpieza.
Respecto al tema multa por hechos del estilo, en otro municipio leí que podría llegar a los 20,000 euros, y desconozco si la cantidad varía según legislación autonómica, municipal, etc., o si tiene relación con la edad de él o los infractores. Pero sea como sea, son hechos graves y, dando con los autores materiales, -nunca mejor dicho-, es imperativo aplicar medidas ejemplarizantes, porque no se puede jugar con la salud de las personas, y tampoco afectar gratuitamente la reputación y economía de empresas que se dedican a actividades turísticas y de recreo.
Creo que en el caso de los mayores de edad o edades cercanas, no existe la mínima excusa eximente de la responsabilidad sobre los hechos, pero aunque pueda sonar muy injusto o como poco impopular, considero que incluso en la adolescencia temprana, es decir, edades de 10 a 13 años como el caso que menciono, hoy por hoy son personas que saben perfectamente lo que hacen, si está bien o mal, y actúan en consecuencia buscando un impacto concreto, con lo que para mí, también son absolutamente responsables de sus acciones. Puedo aceptar que la ley contemple atenuantes o lo que corresponda según el caso, pero de ninguna forma podemos fomentar que la edad sea la excusa perfecta para “irse de rositas” en esto, y muchas otras cosas.
Y es responsabilidad de padres y familiares a cargo la educación de ese menor, el seguimiento y de alguna forma la supervisión de sus actividades, hasta que cumpla la mayoría de edad. Soy consciente también de que hay padres que se comportan como adolescentes en los peores momentos de descontrol, y juntos son una combinación nefasta para cualquier aspiración de algo positivo. Pero centrémonos en casos “normales”, de gente de bien, e intentemos transmitir educación moral y cívica, abordando también la importancia de la empatía.
Que esa persona o personita comprenda claramente el alcance de ciertas acciones, y más allá del disparate injustificable, el riesgo para la salud pública, las implicaciones y costes del mal ocasionado o potencial, que se ponga en el lugar de quienes hacen uso de las piscinas.
Los habrá que se lleguen hasta allí caminando un par de calles y no les represente mucho inconveniente encontrárselas cerradas, o tener que dejar el recinto en caso de producirse un hecho como el que nos ocupa. Pero también están aquellos que vienen de lejos, con niños, o incluso personas de edad —vulnerables en ambos casos—, en busca de un refugio climático, y que, además de someterlos a un riesgo innecesario, se les está truncando una ilusión, disfrute, o simplemente la necesidad de hacer un uso al que tienen todo el derecho.
A mí no me ha ocurrido, pero me han comentado de personas que se han encontrado con este problema más de una vez, y ya no utilizan las piscinas municipales. No hay justificación posible de que alguien les arrebate ese momento, o incluso dos días de su verano, vacaciones o lo que sea, por el simple hecho de formar parte de un reto de máxima estupidez, mal gusto, pero además en contra de la salud pública.
Hagamos lo necesario para evitar que ocurran estas cosas. Protejamos a quienes, sabiéndolo o no, lo necesitan, haciendo que utilicen el sentido común por encima de aquello que busca lavar sus cerebros y hacerles rehenes digitales, algo que desemboca en adultos aborregados, sometidos, incapaces de pensar o incluso de defender sus propios derechos para ser libres.
Y hasta aquí lo que quería compartir hoy contigo en Bitácora Mental. Muchas gracias por leer o escuchar este contenido, y te espero en el próximo.
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