
¡Hola! ¿Qué tal, cómo estás? Soy Carlos Vittese, y te doy la bienvenida a un nuevo episodio de Bitácora Mental.
Estaba terminando de ver la primera temporada de la serie española Marbella, y comentábamos con mi mujer lo que muestra. Una realidad de la que unos estamos más alejados que otros, pero que, aunque seguramente con matices, representa el día a día de uno de los tantos sitios en el mundo, en los que la vida y la muerte van ligadas a los excesos en todo sentido. Y vivir al límite en ocasiones se elige, pero en otros, es la única opción, y quizá muchas veces, por una desmedida ambición.
Y la ficción deja claro, por si aún no lo estaba, que para la policía, no solo trabajar, incluso sobrevivir, es un tema muy delicado, donde hasta la más firme vocación de servicio puede ser quebrantada por alguna coyuntura.
Aquello de que toda persona tiene un precio es una premisa que aplica perfectamente para quienes se mueven al margen de la ley, y a la vez deciden cuándo ese precio es demasiado alto y no lo pagarán, momento en que tu suerte, independientemente de lo buena que haya sido, puede caer en desgracia rápidamente, y tu vida formar parte de la historia olvidada.
El dinero y el poder son ingredientes de un cóctel que embriaga rápidamente a mucha gente, y si le agregamos el consumo de ciertas sustancias, se vuelve explosivo.
El ser humano tiene la mala costumbre de autoengañarse, y el “yo controlo” está al tope de ese ranking de discursos que no fallan a la hora de proclamarse, y también incumplirse. Y a partir de ahí —por si no lo había aún— el drama gana en intensidad, y la realidad puede incluso superar a la mejor ficción.
Nuestra especie suele considerarse poderosa, y difícilmente repara en su extrema debilidad, una que se soporta por encima de los hombros, y que resulta altamente vulnerable, tanto física como psicológicamente.
El inconformismo, la impaciencia, la ambición y tantas otras cuestiones que conocemos desde el propio inicio de los tiempos atentan muchas veces contra ese delicado equilibrio que sostiene mentalmente a una persona.
La pobreza, la violencia, la discriminación y la injusticia también juegan un papel muy importante en las sociedades, siendo un caldo de cultivo que impulsa o incita conductas hacia esas líneas rojas que, una vez traspasadas, hacen prácticamente imposible el volver atrás. Nada justifica la violencia, pero en ocasiones podemos llegar a comprender de dónde surge y por qué ha florecido.
Vivir por encima de las posibilidades es, sin duda, otro motivo recurrente como disparador de la búsqueda del límite, que siempre parece estar más lejos en la realidad del involucrado que desde la óptica de quienes asisten como observadores.
Y sin duda, el postureo es un vicio cada vez más arraigado en la sociedad actual, donde los objetivos de vida parecen incompatibles con la normalidad en todo sentido. Tener y mostrar hoy cotizan muy por encima del ser, algo que cuesta construir, y por eso muchos lo buscan a través de la vía rápida, en un viaje de tentaciones en el que el seductor poder, generalmente, se suma a la fiesta y, una vez conquistado e incorporado al personaje, le hace aún más patético.
Acumular parece potenciar el éxito cuando se proyecta como imagen. Y ser el más rico del cementerio no tiene gracia; por eso la ostentación es el disfrute de los mortales con poca materia gris, o quizá afectada de una u otra forma.
Solo se puede conducir un coche a la vez, y lo mismo a la hora de vivir en una casa, pero tener mucho de todo da envidia, y eso es poder, aunque resulte peligroso. Y del mismo modo ir de fiesta en fiesta, no importa la edad, no hay cuerpo que lo aguante. Y estar a la altura, pero además jactarse y demostrarlo, lleva a sumergirse cada vez más en arenas movedizas, de las que no se sale solo, y en demasiadas ocasiones tampoco con las mejores ayudas.
Estar bien rodeado desde que se pone un pie en este mundo, sin duda, es muy importante, pero ya sabemos que la familia no se elige, y del mismo modo tantas otras cosas. Pero en lo que de nosotros depende, es importante saber rodearse de personas ricas, y no precisamente en el sentido material. Eso siempre ayuda a ver las cosas desde un punto de vista que te hace crecer y tomar buenas decisiones, incluso cuando las fáciles se ven más tentadoras.
Y es inevitable a esta altura recordar a Joaquín Sabina cantando: “…era tan pobre, que no tenía más que dinero…”, porque “no es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita».
Y hasta aquí la entrega de hoy. Gracias por tu tiempo al leer o escuchar este contenido, y te espero en el próximo.
Puedes escuchar Bitácora Mental #Podcast en cualquiera de éstas plataformas y aplicaciones:
También en Ivoox
Aquí tienes el Feed del podcast.
Puedes seguir Bitácora Mental en:
También en el fediverso
Más sobre Carlos Vitesse en:
Twitter | Mastodon | Facebook | Instagram | YouTube | Threads | Bluesky

