
¡Hola! ¿Qué tal, cómo estás? Soy Carlos Vitesse, y te doy la bienvenida a una nueva entrega de Bitácora Mental.
Si hablamos de la caída de la natalidad en España, creo que es un tema que no toma por sorpresa a nadie, y una realidad que venimos viviendo hace bastante tiempo. Pero no es un fenómeno exclusivo de nuestro país; es algo que se repite en muchos otros, y el envejecimiento de la población mundial es un hecho.
Hemos escuchado hasta el cansancio la dependencia económica que tenemos de una población mayoritariamente activa y, evidentemente, la imperiosa necesidad de sangre joven para ocupar sitios imprescindibles para el sostenimiento y el buen funcionamiento de una sociedad.
Pero centrándonos en las razones por las que la natalidad está como está, son varias, y sin entrar en detalles, podríamos decir que cuestiones como la situación económica, incluida la vivienda, estilos de vida y también la tecnología, tienen su cuota de responsabilidad en los resultados. El resultado es un envejecimiento que se acelera, va más rápido de lo previsto, y es un asunto serio en muchos países.
Porque no es solo que las parejas o matrimonios cada vez tengan menos hijos, es que también cada vez hay menos parejas, y menos madres interesadas en tener hijos.
Según estudios, la tecnología y las redes sociales están haciendo también su aporte negativo a la causa, aislando a las personas, haciendo que tengan muchísimos menos contactos reales, físicos, y a causa del postureo, elevando a cotas insospechadas ese nivel mínimo necesario en que la gente considera que es buen momento de formalizar con alguien, o simplemente que ese alguien es merecedor de su atención. Porque está muy caro cumplir con los cánones de belleza, económicos, profesionales y tantas otras cosas de las que más de uno está convencido de que, por debajo de eso, todo es un fracaso, y nadie quiere fracasar y exponerse gratuitamente, porque las redes sociales no perdonan.
Y así tenemos a millones de adolescentes, jóvenes y no tanto, con un nivel de insatisfacción, estrés y baja autoestima que nunca se había visto. Y todo lo anterior, sin perjuicio de los problemas mentales asociados, que son ahora mismo una lacra en nuestra sociedad, y algo muy complicado de erradicar, porque nadie quiere “bajarse del carro”, no sea cosa que se pierda alguna tontería de turno.
Y algo que me llama poderosamente la atención es la reflexión que mujeres adultas vienen haciendo hace tiempo, y no hablo de estadísticas, solo me remito a cosas que escucho y me cuentan: infinidad de madres que, no importa el tema del que se encuentren hablando, a la primera oportunidad de colar el asunto, te sueltan que tener hijos fue un error, que no deberían haberlos tenido y que, de poder volver atrás, hubieran procedido de otra forma.
Y no es que no los quieran, o hayan tenido problemas; es que directamente expresan que no han significado en sus vidas lo que se “vendía”, como uno de los ingredientes de la felicidad y realización personal.
Por otra parte, desde hace bastante tiempo, cada vez más mujeres de todas las edades manifiestan que no les interesa en absoluto tener hijos, que ser madre no está dentro de sus aspiraciones y que no es un requisito para sentirse plenas.
Es una porción importante de población, que tiene otras prioridades, que no va por inercia, o se deja llevar por aquello que en generaciones anteriores era casi uso y costumbre, donde a cierta edad ser soltera era casi motivo de discriminación y señalamiento social, una absoluta tontería, hoy por suerte superada, o eso creo.
En muy poco tiempo hemos pasado de varios hijos por pareja a casi ninguno, o ninguno, siendo en muchos países mayor el número de defunciones que el de nacimientos.
Y eso una vez más me hace pensar en qué poco hemos progresado como seres humanos, escorándonos peligrosamente hacia el mundo material, en el que el cálculo matemático y el egocentrismo están muy por encima de las relaciones, valores y demás cuestiones que otrora consiguieron grandes avances para la humanidad, y hoy parecen estar en peligro de extinción.
Y si gente que ha tenido hijos se arrepiente, y otra ni se lo plantea, nos queda una tercera pata de la realidad, esa que los tiene y lucha día a día para sacarlos adelante, aunque eso también nos plantea dudas, porque quizá el concepto de “sacarlos adelante” antes significaba un involucramiento más directo de los padres, que hoy se ve poco y nada.
La tecnología, sabiduría y miles de años de evolución no han cuajado en algo tan básico como tener la capacidad de criar a los hijos estando con ellos, guiándolos desde el minuto cero y construyendo juntos el camino, hasta que pudieran recorrerlo solos y buscar su destino.
Los tiempos actuales conspiran contra la familia y su normal convivencia, atentan contra el desarrollo, la cercanía y la supervisión parental absolutamente necesaria para tener un vínculo afectivo, educativo y de convivencia directa con los hijos.
A uno se le viene el alma al suelo cuando lee ciertas noticias que son espeluznantes. En el momento de grabar esto, se estaba llevando a cabo una investigación en París, respecto a delitos que van desde violaciones hasta conductas abusivas o violentas en guarderías, y repito, guarderías.
En la causa hay un mínimo de 16 personas de entre 18 y 68 años investigadas por la fiscalía y actualmente se investigan 84 guarderías, una veintena de escuelas primarias y una decena de centros infantiles, según la fuente de información.
En lo que va de 2026, han sido suspendidos 78 empleados municipales, 31 de ellos por sospechas de violencia sexual, e incluso alguno con antecedentes por el mismo tema.
Y espero que el hecho de que haya dicho que esto está ocurriendo en Francia no te haya hecho pensar que tus hijos están a salvo en España, porque aquí también ha habido conductas despreciables, tanto en sitios con menores como con adultos mayores, porque el ser humano se repite, allí donde habite. No importa dónde haya nacido, de dónde venga o adónde vaya.
Por eso, creo que hoy más que nunca, proteger a los menores es una tarea tan imprescindible como ineludible, y si no comienza por casa, mal vamos.
Gracias por leer o escuchar este contenido, y te espero en el próximo.
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