270- Entre la IA y Mad Max

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¡Hola! ¿Qué tal, cómo estás? Soy Carlos Vitesse y te doy la bienvenida a una nueva entrega de mi Bitácora Mental.

No tengo nada en contra de la IA; es más, me parece superinteresante, pero eso no quita que últimamente sienta un poco de saturación, con tanta gente hablando del tema. Y es que algunos, más que entusiasmados, parecen obsesionados con el asunto, y que si no la utilizan incluso por encima de sus posibilidades, parece que no existen en redes sociales.

Creo que estamos abusando un poco del tema, y añoro lo que se veía hace algún tiempo, cuando la gente publicaba un artículo o un podcast, y lo ilustraba con una foto de su propiedad, o de un banco de imágenes, que los hay por todos lados, y gratis.

Lo mismo ocurre con las fotos de perfil y tantas otras cosas, haciendo que las personas casi pierdan su poder de diferenciación; viéndose a priori todas iguales.

Evidentemente, las posibilidades que brinda la IA potencian la productividad y, en muchos casos, la calidad del trabajo, producto o servicio obtenido a partir de ella o con su ayuda. Eso está ocurriendo ahora mismo, y estamos entrando en un nuevo escenario global, que en lo personal me resulta preocupante.

Y no me refiero al hecho de que podamos ser de alguna forma sustituidos por máquinas. Eso creo que es inevitable y solo cuestión de tiempo, como ha ocurrido en otras etapas de la historia de la humanidad. El resultado no me preocupa; lo que me inquieta es el proceso, porque es lo que le tocará vivir a la mayoría de la gente que está en edad productiva, a quienes afectará mucho, y muy pronto.

Creo que ahora mismo está todo el mundo muy centrado en las posibilidades de la IA, pero pocos están focalizados en el tsunami que se viene, y ya se ve a lo lejos. Y es que incluso a los que ahora mismo se creen a salvo, porque están adoptando inteligencia artificial en sus procesos y trabajos, es muy probable que la ola también les pase por encima, y sean arrasados como la gran mayoría.

Y como siempre, los menos preocupados son los políticos, y no es de extrañar. Desde su atalaya, todo tiene siempre una rápida y sencilla solución: subir impuestos. El problema es que hasta ahora no se han enfrentado a una situación en la que no puedan aplicar la receta de toda la vida, buscando mantener el gasto.

Hay sectores en los que ya se está despidiendo gente al poder sustituirla por inteligencia artificial. En otros casos, la IA evita y evitará nuevas contrataciones, y lo peor está por venir, porque la tecnología se está perfeccionando, y lo que hoy parece muy lejano, probablemente sea una realidad en menos de 5 años.

Pensemos simplemente en los robotaxis, ¿alguien duda de que millones de trabajadores serán innecesarios muy pronto? Lo mismo si pensamos en el transporte pesado, o incluso el de última milla. Ni que hablar de procesos repetitivos de atención al cliente, ventas y tantas otras cosas que ya tienen en marcha el cambio.

Aquí no se salva nadie: médicos, abogados, psicólogos, diseñadores, músicos, escritores, periodistas y mil oficios más, que ya han iniciado el proceso darwiniano. Y podríamos pensar que camareros, cuidadores y otros lo tienen mejor… pues quizá tengan algo más de margen de tiempo, por los costes del cambio, pero ya sabemos cómo funciona la tecnología de escala. Un robot que hoy resulta carísimo, o incluso algo torpe según para qué, en 5 años puede ser más barato que un scooter, y más hábil y listo que su referente con materia gris.

Pero vuelvo al punto que para mí es el más importante: no estoy viendo nada que indique una preparación, conocimiento y estrategia clara para sostener ese nuevo mundo, que ya está aquí. Porque no es un cambio menor, es un borrón y cuenta nueva para todos, incluidos la mayoría de gobiernos a nivel mundial.

Pero hablemos un poco de lo que se está viviendo ahora mismo. Tenemos un problema con el petróleo, debido a la guerra entre EEUU e Israel, con Irán. Sin duda, la suba del crudo puede arruinar la economía mundial, porque los combustibles arrastran todo. Pero aunque el suministro se normalizara, el crudo es cada vez menos abundante, y una menor producción también ocasionará complicaciones y encarecimiento de todo.

Ya sabemos que, por ejemplo, en España, la mitad del precio de la gasolina o el gasóleo es debido a los impuestos que recauda el gobierno, aunque por ese tema no se les ve preocupados. Y es comprensible, les da igual si vamos con coches de combustión o eléctricos; lo que recaudan por los combustibles fósiles, cuando el parque automotor eléctrico tenga el porcentaje que ya comience a mermar su recaudación de impuestos, lo solucionarán como están haciendo otros países, poniendo un impuesto por kilómetro recorrido, y listo. Recaudarán lo mismo, pero implementándolo de forma tan “ecológica”, que la mayoría hasta aplaudirá la medida.

El problema en el nuevo escenario es que, con la IA, a los gobiernos la receta de toda la vida no les va a funcionar, porque en general jamás son previsores, siempre improvisan, van tarde y mal, así que el desastre está garantizado.

¿Y por qué digo esto? Porque el gasto público es algo que nunca han cuidado, y les ha sido muy fácil recaudar y cubrir necesidades, pero el cambio va a ser tan bestia y rápido, que les robará la cartera sin que se den cuenta.

Me explico. Ahora mismo, puede que no se note, o en todo caso parezca poca la gente que se está quedando sin trabajo por la IA, o la que no está siendo contratada. Pero, como decía, la tecnología avanza a una velocidad vertiginosa, y en los próximos dos, tres o cinco años, estará madura en muchos usos, y eso va a provocar una avalancha de despidos. Es que cuando una gran empresa pruebe y compruebe que puede hacer el cambio, sin que afecte negativamente el funcionamiento y resultado de sus cuentas, sino que económicamente sea una ventaja, lo pondrá en práctica.

El asunto es que hoy el mundo está globalizado, y si alguien da un paso, y acierta, el resto lo dará casi al unísono. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que se comenzó a hablar de la IA hasta que se popularizó su uso? Muy poco tiempo, y lo mismo ocurrirá a nivel laboral.

Lo que acabo de decir nos lleva a un momento muy cercano, en que empresas que tienen miles de empleados en un país, o en todo el mundo, reduzcan sus plantillas en cantidades inimaginables, y ese proceso se repercutirá en empresas más pequeñas, hasta llegar a las micro. De hecho, las pequeñas son las primeras que se están ahorrando un dinerito que incide mucho en sus frágiles cuentas, con solo aplicar IA a tres o cuatro procesos en los que han dejado de contratar personas.

Si me sigues, entenderás mi punto de vista, de que lo complicado no es a dónde vamos a llegar, sino el proceso. Millones de conductores a la vez en todo el mundo, o con diferencia de pocos meses, sin trabajo. Y lo mismo con otras mil tareas y oficios de todo tipo. Una avalancha de desempleo, imposible de absorber ni solventar por los gobiernos.

No hay prestación por desempleo, subsidio o lo que sea, capaz de paliar un desastre de esta magnitud, que arrastrará a los gobiernos. No olvidemos que cada persona que cotiza supone, tanto por su parte como por la de su empleador, un dineral en concepto de impuestos, para las arcas públicas.

Cada humano sustituido por software o hardware es un importantísimo retroceso en los ingresos del estado, y un desempleado de largo plazo, o probablemente permanente según edad y otras características, no puede afrontar una hipoteca, IBI, alquiler, letra de su coche nuevo y tantas otras cosas del día a día, como el simple IVA de todo lo que consume, aunque sea para su mínima supervivencia.

Una cosa es el desempleo normal, pero estamos hablando de un efecto dominó muy potente que se llevará por delante hasta lo inimaginable, si no sabemos tomar las medidas correctas y a tiempo. Se puede sortear una ola brava, pero no un tsunami mundial; eso lo devasta todo. Porque gente masivamente sin ingresos deja de consumir, y hasta los más fuertes sufren las consecuencias.

Y ahora mismo, cualquier caída recaudatoria en los gobiernos que siempre están en déficit ya es un grandísimo problema. Imagina una caída en picado y en muy poco lapso de tiempo; no lo están previendo, y no saben cómo atajar el problema. Están preocupados con las encuestas de hoy, para perpetuarse en el poder; no tienen ni vergüenza, ni miras, ni capacidad de ver y prever lo que viene de forma imparable y en tan poco tiempo. En resumen, que probablemente no sepan reaccionar, como ya lo han demostrado infinidad de veces en todo tipo de desgracias, previstas o imprevistas.

Si te parece que hoy la sanidad, la educación, la seguridad y tantas otras cosas no van bien, piensa en lo que nos espera con una caída estrepitosa de la recaudación. No se trata de ser pesimista u optimista; creo que esto va de ser realistas. El cambio es brutal, y tan inminente que las grandes potencias están haciendo movimientos como los que estás viendo en las noticias. Nadie quiere ver ni hablar de la nueva era, pero ya hemos entrado, está aquí, y me temo que el proceso será muy doloroso y traumático, para la inmensa mayoría de los ciudadanos “de a pie”.

Los más jóvenes quizá en una o dos décadas puedan vivir una realidad diferente, un mundo en el que habrá que ocuparse de las cosas verdaderamente importantes, porque no habrá espacio para tonterías. Todas deberán haber sido solucionadas en el proceso del cambio, y solo espero que quienes cuenten el resultado, no hablen de una sociedad como las que hemos visto en alguna película de ciencia ficción, donde cuatro gatos eran la élite viviendo aislados, y el resto de mortales lo hacían tipo Mad Max, luchando por la supervivencia día a día, como si el mundo hubiera vuelto a la época de las cavernas.

Y hasta aquí lo que quería compartir contigo hoy. Gracias por tu tiempo al leer o escuchar este contenido, y te espero en el próximo.

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