268- ¿Para escucharte mejor?

Foto: Sharon Waldron en Unsplash

¡Hola, qué tal! ¿Cómo estás? Soy Carlos Vitesse, y te doy la bienvenida a una nueva entrega de mi Bitácora Mental.

Es bien sabido que el mundo ha avanzado mucho, pero algunas cosas nunca cambian y, al menos de momento, una de ellas es nuestra imposibilidad de controlar el paso del tiempo. Por tanto, si tenemos alguna certeza sobre nuestra vida, es que no será eterna, y durante el recorrido que nos toque, a la hora de mirarnos al espejo, nos devolverá una imagen diferente cada día.

Dependiendo de la altura del camino en el que nos encontremos, en los primeros años los cambios en nuestro aspecto se producen con cierta rapidez. Luego viene un período bastante estable, y la tercera fase vuelve a acelerarlos, aunque a priori no lo detectemos en el corto plazo.

Los cambios son mucho más perceptibles para aquellos que nos ven con poca frecuencia, o a intervalos que les permiten comparar rápidamente nuestro recuerdo con la realidad del momento. Y así, a todos nos ha ocurrido el encontrarnos con alguien, y lo primero que te diga es que has adelgazado, engordado u otro tipo de comentarios, pero con el denominador común de que, si te aprecian, lo de verte más viejo se omita, aunque salte a la vista.

Y los que ya tenemos cierta edad vivimos, obviamente, esa etapa en la que mirábamos a nuestros mayores, y esos días parecían muy lejanos. Pero en cuanto te distraes con cuatro cosas, te unes involuntariamente al club, y te das cuenta de que era verdad aquello de que “el tiempo vuela”, pero sobre todo no hay nada que puedas hacer para cambiarlo, y te cambiará, en todo sentido.

Pues resulta que estaba viendo una serie acompañado de mi mujer, y ya en el primer capítulo había reparado en un detalle del físico del protagonista, pero no hice ningún comentario al respecto. El motivo, no veía nada fuera de lo normal, solo a una persona recorriendo su sexta década de vida, con una complexión grande y además, digamos, “robusta”, con lo que el detalle puntual en cuestión era apreciable, pero digamos que no desentonaba particularmente en el contexto físico.

Y así vimos varios episodios, hasta que durante uno de ellos, y sin conversación previa respecto al actor principal, me dijo: “Qué orejas grandes tiene”. Y la miré un poco sorprendido porque son detalles que las mujeres suelen detectar muy rápido, y que de alguna forma, como muchas otras cuestiones, también les preocupa en su propio cuerpo. Aunque seamos sinceros, esto no es patrimonio femenino; creo que a todo el mundo le apetece verse bien, y prefiere que la naturaleza no le haya regalado una nariz grande, o tantas otras características físicas que solemos asociar con cosas que se salen de lo normal, o, como poco, no son tan discretas y atractivas, según los cánones de belleza que dicta la sociedad.

Pero volviendo a la observación sobre las orejas del protagonista, le dije que sí, que me había dado cuenta, pero que era un hombre grande, alto y pasado de peso, con lo que no le quedaba tan mal. Pero a la vez puntualicé el hecho de que era normal, porque las orejas crecen con la edad, igual que la nariz, y agregué que, en lo personal, era consciente de que las mías ya no son lo que eran.

Tengo que decir que como adolescente, o en la etapa de juventud, considero que mis pabellones auditivos eran estéticamente “agradables”. Diría que, tanto por forma como por tamaño, pasaban absolutamente desapercibidos, que es sinónimo de estar dentro de la normalidad, a la vista de los demás.

Pero el tiempo pasa inexorablemente, y confieso que lo de las orejas y su tamaño es algo que hace tiempo de alguna forma voy controlando en mis encuentros esporádicos con el espejo, ese que te devuelve una realidad objetiva e incuestionable. Y a pesar de que los cambios son lentos, considero que aquellas orejas simpáticas hoy -de momento- siguen pasando desapercibidas, pero noto que el tamaño ha aumentado, y eso inequívocamente dice que la tercera etapa ya está aquí.

Hace algún tiempo me puse a buscar cómo es esto de que te crezcan las orejas, y sin investigar mucho, según la IA, el tamaño de las orejas va aumentando a lo largo de la vida, pero no es un crecimiento como un músculo o un hueso cuando uno es joven. Dice que el cambio es una combinación de factores biológicos y físicos.

Con la edad, el cuerpo produce menos colágeno y elastina, haciendo que el cartílago y la piel pierdan firmeza. Al mismo tiempo, se menciona que el efecto de la gravedad tampoco ayuda, y las orejas se estiran y descuelgan gradualmente.

Se menciona también que, según algunos estudios, el cartílago sigue expandiéndose ligeramente, en promedio 0,22 milímetros al año. Y la zona que más cambia es el lóbulo, porque no tiene cartílago y es muy susceptible a la flacidez de la piel, con lo que, en el caso de las mujeres, el uso de aretes pesados no ayuda en nada.

En resumen, el proceso es de elongación y deformación de los tejidos, y eso desemboca en un aspecto más prominente, a medida que uno se vuelve más viejo. El crecimiento es muy lento, pero constante, y es diferente en hombres y mujeres.

En el caso de los caballeros, la longitud promedio pasa de unos 6,5 cm que se tienen sobre los 20 años de edad, hasta los 7,8 cm cuando se tienen 70 años. En las damas, para las mismas edades, se mencionan 6,1 cm y 7,2 cm.

Pero las orejas no solo se alargan; también cambia la circunferencia total, expandiéndose 0,51 mm anuales, debido a la pérdida de firmeza del colágeno. Y ya sabemos que la expectativa de vida en España es bastante mayor a 70 años; en el caso de los hombres, supera los 80 y las mujeres se acercan ya a los 90 años.

Si tomamos entonces alguna de las tantas personas que hoy viven con esas edades en nuestro país, teniendo en cuenta lo que decíamos de 0,22 milímetros anuales de crecimiento, podemos encontrarnos con orejas de 1,7 cm más grandes que cuando se tenían 20 años. Y la información dice que una oreja se considera grande cuando su altura vertical supera los 7 cm.

Para el caso de una persona de unos 90 años, en los hombres podría significar orejas de 8,1 a 8,3 cm y en las mujeres estarían entre los 7,7 y 7,9 cm, siempre hablando de casos promedio. Y todo se complica aún más por la falta de colágeno, la acción de la gravedad y también porque a esas edades se pierde grasa facial y masa muscular.

Por todo lo anterior, en la vejez, las orejas resaltan mucho más en proporción al resto del rostro, pero si hay algo bueno en lo de tener orejas grandes y según algunos investigadores, es que podría ser un marcador biológico de longevidad, debido a una constitución genética más fuerte.

Y para terminar, seguro te quedaste con el dato del tamaño de las orejas normales de un adulto, es decir, unos 6,5 a 7 cm, y no me extrañaría que te las fueras a medir, porque confieso que mientras estaba buscando la información para este episodio, yo lo hice, y mi mujer también.

Si te da curiosidad mi resultado, te cuento que fue de 7 cm de altura, así que de momento y tocando la puerta de los 60 carnavales, diría que estoy conforme. Pero no me engaño, hace tiempo que vengo notando que en el contexto de la cara, van ganando un protagonismo innecesario, al menos para lo que desearía. Eso sí, no hay que perseguirse porque cada cuerpo es diferente, y no hay que perder de vista aquello de que “la salud es lo primero”.

Soy Carlos Vittese y hasta aquí lo que quería compartir contigo hoy. Gracias por leer o escuchar este contenido, y te espero en el próximo.

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