
¡Hola! ¿Qué tal, como estás? Soy Carlos Vitesse, y te doy la bienvenida a una nueva entrega de mi Bitácora Mental.
Primer episodio de este podcast en 2026, y vengo con un tema serio, pero antes, quiero aprovechar para desearte que tengas un excelente 2026. Espero que lo hayas comenzado muy bien, y ojalá los Reyes te hayan hecho una visita, dejándote muchos regalos, en recompensa a tu buen comportamiento.
Dicho esto, vamos directo al grano, y que hoy justamente va de eso, del comportamiento, pero no precisamente ejemplar, sino todo lo contrario.
En los últimos días, un streamer español falleció haciendo un directo, y por respeto al involucrado y su familia, no voy a dar datos identificativos. Pero es un caso que ha salido en los periódicos, por lo que quien quiera más detalles, basta con una simple búsqueda en la red.
Pero yendo al hecho, no estamos hablando de algo fortuito. El trágico desenlace fue el resultado de un reto, en el que la persona debía consumir cierta cantidad de droga y alcohol, en un determinado tiempo, y emitiéndolo en directo.
Por lo que he leído, parece ser que es el primer caso de estas características en España, pero hace pocos meses ha ocurrido algo similar en Francia, y es algo que se repite en otras latitudes.
Este “problema”, porque realmente es como un virus contagioso que afecta a hombres y mujeres, tiene varios componentes, pero hoy simplemente quiero centrarme en el hecho de que, por un lado, está él o la desgraciada protagonista, y por otro, su audiencia. Esa que, como siempre, tendrá una parte pasiva, pero también otra activa, y de alguna forma responsable de la dirección que toman los acontecimientos, hasta su desenlace final.
En cualquier caso me pregunto: ¿Qué tipo de gente disfruta de ver en directo a alguien que camina en dirección al final de su existencia? Pero peor aún… ¿Qué tipo de gente paga por ello, así como por la droga y el alcohol necesarios, para que el previsible oscuro objetivo, se cumpla?
Está claro que si alguien no llevara adelante el reto, -el que sea-, o simplemente no hiciera algo en contra de su salud, los viewers no tendrían protagonismo, más allá del consumo enfermizo de cierto contenido. Pero el asunto es que en estos casos, siempre hay dinero de por medio, y además puede coincidir con una situación personal de vulnerabilidad. Una persona con problemas mentales, económicos, psicológicos, o del tipo que sea, -sin ayuda, o incluso a veces con ella-, es caldo de cultivo para el mayor desastre.
El hecho concreto al que me refiero, se está investigando, y desconozco si ha habido ya algún avance importante, o a qué conclusiones llegarán las autoridades, y no me refiero a la suerte que ha corrido el involucrado, porque eso ha quedado más que claro. Estoy hablando de las posibles implicaciones legales, de quienes han estado en ese directo, pero sobre todo, el haber pagado “por y para el espectáculo”.
Realmente ha sido un hecho lamentable, y que ojalá no se repita, pero podría ocurrir porque hay otras personas que están haciendo lo mismo, por dinero, y en redes sociales. Y lo de consumir drogas y alcohol en directo, es solo una de las formas en las que las plataformas que llamamos “sociales”, son vehículo para lo peor del ser humano. También he leído, que es impresionante la cantidad de adolescentes que se están quitando la vida de forma permanente, ya no por retos, sino debido al acoso, la extorsión, y tantas otras cuestiones, que los malvados de turno practican a través de plataformas más que conocidas, y en muchos casos, escudándose en el anonimato.
Y esto último me parece un punto crucial. Creo que va siendo hora de, -aunque sea a nivel europeo-, se legisle para proteger tanto a los menores, como a los mayores, es decir, al usuario “normal” de redes sociales, que por ocio o trabajo, se sirve de ellas, para estar en contacto con otras personas.
Considero que la impunidad actual es insostenible, un atentado contra el sentido común, y a la más básica defensa del ciudadano, como individuo en sociedad.
Es inaceptable que cualquiera pueda abrirse un perfil, dos o cien, haciéndose pasar por diferentes personas, y desde el anonimato, tener la posibilidad de interactuar con quien quiera, manipulando, acosando, abusado, extorsionando, incitando a la víctima para que haga algo en contra de su voluntad, o lo que sea que se le pase por la cabeza, y que pueda ser constitutivo de delito.
No podemos permitir que la escoria de la sociedad, utilice las redes sociales impunemente. Y no basta con perseguir a los malos luego de que hayan hecho algo, hay que ir por delante, trabajar en la prevención, y ayudar a los usuarios de bien, dándoles armas mínimas para saber realmente con quién interactúan.
Y estoy pensando en un ejemplo concreto. Hoy, perfectamente, un señor de 50 años, puede abrirse un perfil en una conocida red social donde se suben fotos y vídeos cortos, y ponerse en contacto con una niña o niño de 15 años, haciéndose pasar por alguien de su misma edad. Y ya sabemos que esto ocurre a diario, y esos contactos generalmente terminan muy mal.
Los niños y adolescentes, muchas veces carecen de la educación, experiencia, y armas para protegerse de personas indeseables, y como mínimo, deberíamos ayudarlos con algo más de información, para que pudieran hacer un primer filtro, sobre quién está “del otro lado”.
Creo que con la inteligencia artificial, y la tecnología actual, el riesgo es demasiado grande, como para dejar todo librado al azar, y “que no te toque”. Por eso, y del mismo modo que ocurre en cantidad de gestiones que hacemos a diario, o incluso para poder tener una cuenta en ciertas plataformas que también usan los jóvenes, creo que se debería solicitar el DNI, para poder tener un perfil activo en cualquier red social. Obviamente, haciendo las comprobaciones necesarias para evitar a los listillos, y del mismo modo con la seguridad y privacidad correspondiente, como -nos dicen-, suele procederse habitualmente.
Siendo más concreto, que tanto las cuentas nuevas como las ya abiertas, solo pudieran estar activas, si tienen asociado un documento de identidad en vigor, quedando registrados todos los datos relevantes que aporta. Me refiero a fecha de nacimiento, país que extendió el documento, rostro del usuario, etc., y que sumado a las comprobaciones pertinentes, aseguraría que existe una persona real y concreta, detrás de esa cuenta.
Me explico. No estoy diciendo que el usuario tenga que tener en su perfil la foto del documento, ni que aparezca público su nombre y demás. Sabemos perfectamente que por privacidad, en muchos casos resulta conveniente poner una imagen de perfil que no corresponda con la real, y lo mismo con el nombre de la persona, etc. Es decir, que en ese sentido no cambiaría nada, pero la información estaría en la plataforma por si fuera necesario usarla de inmediato.
Lo que yo sí que implementaría, es que junto con la foto y el nombre que el usuario eligiera, apareciera un número único, otorgado por la red social en cada caso, y que fuera ligado a ese DNI, de forma que el usuario pudiera cambiar su foto y su nombre las veces que quisiera, como suele permitirse en redes sociales, pero ese número permanecería invariable y a la vista de todos, con lo que si desde ese perfil se tiene alguna conducta, llamemos -poco decorosa-”, ningún cambio o “maquillaje de la cuenta”, podría despistar y hacer pensar que es otra persona.
Del mismo modo, me parecería un dato muy útil, que la edad de quien está bajo ese perfil, pudiera ser una información oculta, pero accesible para otros usuarios de la red. De esta forma, como mencionaba antes, si alguien de 50 años le enviara mensajes a una menor de edad, intentando ganarse su confianza, haciéndose pasar por un adolescente, quedaría rápidamente muy claro, que se trataría de un engaño. Y con un solo clic, estaríamos haciendo prevención, y protegiendo a esa o ese menor.
Otro ejemplo de utilidad podría ser, tomemos el caso de un varón de 25 años, que estuviera intentando ligar con una chica, que aunque esta le jurara y perjurara su mayoría de edad, y “saber lo que está haciendo”, quizá podría ser una menor, intentando ser la más guay de su grupo de amigas, y ese joven, a golpe de clic, tendría una información importante, para saber “donde se está metiendo”, y qué riesgos puede conllevar.
Quizá otra información relevante y que podría funcionar como el caso de la edad, oculta, pero consultable para otro usuario, podría ser el país que ha emitido el documento de identidad asociado al perfil. No me refiero al país de nacimiento, ni al de residencia que puede cambiar, hablo del que emitió ese documento que está vigente, y que también debería estar ligado a un número de móvil, esto último sí, privado.
El dato del país emisor, serviría para muchos casos, pero se me ocurre algo que hemos visto en las noticias más de una vez, personas mayores que buscan afecto, creyendo que están en contacto con alguien de su ciudad o no tan lejos, y resulta que en realidad su interlocutor está del otro lado del mundo, y con intención de llevar adelante una estafa, de la que también se podría estar prevenido, porque quizá otra persona con la que ya lo haya intentado, podría difundir el número único de usuario que mencionaba antes, y que por más camaleónico que fuera el timador, seguiría siendo él o ella.
Con ese número único identificativo del perfil, ya podría hacerse una denuncia, y la posterior investigación, en la que con el requerimiento policial y judicial correspondiente, ese número se transformara en datos concretos, de una persona rápidamente localizable.
Lo de perfiles asociados a documentos de identidad, nos evitaría también los ejércitos de bots, que además de molestos, en muchos casos se utilizan con los más bajos y deplorables objetivos.
La verdad es que si por mí fuera, incorporaría algunas otras cuestiones, que ayudarían a un uso más “saludable” de las redes sociales. Y eso, sin perjudicar a ninguna de las partes intervinientes, pero ya sabemos que legislar, en ocasiones implica riesgos, y los políticos no suelen hacer nada, que pueda poner en el más mínimo peligro, alguno de sus votos. Al punto de que, no importa si el “no actuar” implica convertirse, directa o indirectamente, en causantes de males que podrían ser evitados. Ellos tienen sus prioridades, y el resto es discurso y teatro.
Y llegados a éste punto, convendría no olvidar que son simplemente nuestros representantes, y deberíamos presionar para que se llevara adelante toda aquella iniciativa que nos protege como ciudadanos, y usuarios de esa gran red que es internet, donde cada vez está mas claro que “no es oro todo lo que reluce”, y por eso, “más vale prevenir, que curar”.
Y hasta aquí lo que quería compartir contigo hoy, muchas gracias por tu tiempo al escuchar o leer éste contenido, y te espero en el próximo.
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