Seguramente, hasta el menos informado de los mortales, a día de hoy se habrá enterado de que la IA ya es una realidad, que se está introduciendo en todos los aspectos de nuestro día a día. Y tampoco es ningún secreto, que hay mucha gente preocupada por la incidencia que esta tecnología tendrá en nuestras vidas a corto y mediano plazo. Ya se están produciendo cambios, que además de inevitables, serán de calado en todos los estratos de una sociedad, que ahora mismo transita un mas que precario y delicado equilibrio, en el que el pronóstico no es precisamente de paz y tranquilidad.

Hola que tal ¿Cómo estás? Soy Carlos Vitesse y te doy la bienvenida a una nueva entrega de Bitácora Mental.
A juzgar por la introducción que acabo de hacer, lo esperable sería que éste episodio tomara un rumbo que muchos están tomando, pero por el que no voy a transitar. Por eso el spoiler en el título del episodio, y a riesgo de decepcionarte, de lo que voy a hablar es de la música, y no de otras cuestiones que muy bien están abordando personas mas informadas en cada arista que tratan, sobre lo que es la IA, y que nos espera conviviendo con ella, o incluso luchando por nuestro espacio, en este nuevo escenario tecnológico.
Y te quiero hablar de la música, porque hace unos días estaba leyendo un artículo en el que se daba cuenta de que Sony estaba negociando la adquisición del catálogo completo de Queen, por unos 1.200 millones de euros. Una cifra que da escalofríos, y que dicen es mas del doble de lo que la misma compañía pagó hace unos meses por la mitad del catálogo de Michael Jackson. Artista que recordemos fue uno de los mas listos, y hace unos 40 años compró los derechos de los temas de los Beatles. Asunto que le enemistó con Paul McCartney, que hasta ese momento lo consideraba un amigo, y con el que poco antes había grabado tema exitosos como “Say Say Say”, o “The Girl Es Mine”. A Paul no le gustó nada ese movida, y tardó más de 30 años en poder recuperar los derechos de algunas de esas canciones que formaban parte de la obra de The Beatles, y sigue “trabajando” por comprar mas de su propia producción, algo que espera concretar en los próximos años.
Hasta hace poco tiempo, el hecho de que un artista vendiera todos sus derechos era algo -como decirlo-, sorprendente, o incluso hasta mal visto. Pero en la pandemia, por el motivo que sea y en muchos casos ante la imposibilidad de actuaciones en vivo, las cosas cambiaron, y muchos creadores tomaron decisiones que sorprendieron a mas de uno.
Ahora mismo creo que una de las que me llamó la atención fue allá por 2020, cuando se supo que Bob Dylan se deshacía de sus derechos, por una cantidad que finalmente parece haber sido de unos 600 millones de dólares. Y no es sencillo conocer las cifras exactas, porque además del hermetismo que pueda haber en ciertas transacciones, hay muchas formas de vender algo que incluye derechos, no solo de la música, sino de otras cuestiones que giran en su entorno. Imagen personal, y mas cuestiones presentes y futuras a partir de un material, con lo que parece que Dylan negoció una parte en 2020 y otra en 2022, redondeando aproximadamente lo que mencionaba, unos 600 millones de dólares.
En 2021 también trascendió la noticia de que Bruce Springsteen había concretado la venta de sus derechos, por alrededor de unos 500 millones de dólares.
El mismo año, otro que vendió la mitad de su obra por unos 150 millones de dólares fue Neil Young. Y ya que hablamos de el, David Crosby con quien compartió escenario durante años formando Crosby, Stills, Nash & Young también consideró que 2021 era un buen momento para vender lo suyo, por una cifra que no ha trascendido.
Pero hay mas artistas que han seguido ese camino, e incluso en ese mismo 2021, por ejemplo Paul Simon que hizo caja con todo su material, incluida la etapa de “Simon & Garfunkel” por una cifra que estarían entre los 300 y 400 millones de dólares.
Y parece que ese 2021 movió mucho dinero en la industria musical, porque no se sabe la cifra, pero Aerosmith también optó por ingresar dinerito por derechos varios. Misma decisión que tomó una grandísima artista como Tina Turner, hoy fallecida y que en aquel momento anunciaba que se retiraba de los escenarios, aprovechando previamente para recoger unos 300 millones de dólares por su catálogo musical.
Y la lista continúa, porque también en 2021, Red Hot Chilli Peppers creyeron conveniente deshacerse de sus derechos, por unos 150 millones de dólares.
Otro nombre muy conocido del que se comercializaron los derechos fue David Bowie. El artista falleció en 2016, pero en 2022 fue noticia cuando se comercializó su obra en 250 millones de dólares.
Y hasta ahora he nombrado artistas “veteranos” -por decirlo de alguna forma-, pero este tipo de negocio lo han hecho también por ejemplo: Justin Bieber, Shakira, o David Guetta, lo que significa que ya es una práctica habitual en nuestros días.
Y a esta altura cabe la pregunta ¿porqué se está haciendo esto? Y arriesgaría a decir que hay mas de una razón, pero sobre todo porque existe el negocio. Las discográficas, fondos, o quien sea que adquiere en cada caso los derechos de artistas probadamente exitosos, no son ONG´s, ni mueven estas cantidades de dinero por capricho de algún directivo muy fan de un cantante. El mundo actual gira mas que nunca aceleradamente alrededor del vil metal, y si se invierten esas cantidades, es porque tienen la certeza de que la inversión está justificada y les generará muchísimo dinero.
Pero no deja de resultar como mínimo curioso, por ejemplo el caso de Queen, y esa cifra de 1.200 millones de dólares estando en 2024, por el material de un grupo cuyo líder lleva fallecido más de 30 años. Sin duda es toda una apuesta, e indicador de que en el negocio de la música se están moviendo muchas cosas, y como se suele decir, “el que pega primero, pega dos veces”.
Y comenzaba éste episodio hablando de la IA, que poco a poco va entrando en todo, y evidentemente la música sin duda es parte de ese todo. Probablemente tu que me estás escuchando, o hayas probado ya a generar una canción con servicios como Suno.ai, o directamente hayas escuchado alguna de las tantas piezas que algún usuario ha creado con ese, u otros proveedores que ofrecen la posibilidad de generar música de esa forma, con la posibilidad de usarla para un podcast o vaya a saber que otros destinos.
Hace unos cuantos años, era inconcebible grabar un disco sin pasar por un estudio de grabación, sin depender de contratos y discográficas para llegar al público general, que consumía música en formato físico. Con el tiempo fueron surgiendo pequeños estudios que permitieron producir música mas artesanalmente, que de alguna forma daban independencia a los artistas, pudiendo acceder a un mundo que les había sido vetado a sus antecesores. Pero la tecnología hizo su progreso, y no solo llegó el tiempo en que cualquiera podría grabar un disco en su propia casa con un excelente nivel, sino que además se hizo posible sustituir a instrumentos y músicos, tirando de ordenadores y equipos varios dedicados a funciones específicas. Y paralelamente con la aparición de YouTube y otras redes sociales, la difusión se democratizó, al punto de que muchos artistas comenzaron a hacer el camino inverso, al que se hacía antes.
En décadas anteriores, para llegar al gran público tenías que tener un disco, una buena distribución, sonar mucho en la radio, y eso te podía abrir las puertas a la TV, espectáculos en vivo, y demás. Evidentemente para eso debías partir de una base sólida, tener mucho talento para sortear los primeros filtros, y que alguien arriesgara su dinero para acompañarte en los primeros pasos, Dotarte de recursos, y hacer todo el recorrido necesario para intentar llevarte hasta lo mas alto del escenario local o internacional, lucrándose evidentemente con lo que había invertido en “su” artista, muchas veces incluso de forma hasta vergonzosa.
Resulta que de un tiempo a esta parte, -como decía-, las cosas en ocasiones resultan al revés. Es posible abrirse camino a través de redes sociales y YouTube, dándose a conocer con mínimos recursos, y teniendo una cierta repercusión, resulta que muchas veces, los que antes te ponían mil pegas para darte una oportunidad, ahora son los que la buscan contigo. Y es así que intentan aprovechar el tirón que tu mismo has creado, y trabajar para que la bola de nieve se haga los suficientemente grande, para que tu ganes algo, y ellos sigan siendo los dueños de la mayor parte posible del negocio, que evidentemente no regalarán mientras puedan luchar por el.
Pero en todo esto hay un nuevo jugador, la IA que ya está produciendo música, pero también vídeo, y mas allá de que al momento de grabar este audio pensemos que aun no estamos en el punto de una creación que sustituya al humano, eso llagará y probablemente mucho mas rápido de lo que creemos.
La mejora es constante, y seguramente en muy poco tiempo aparezcan nuevos servicios, que nos permitan realizar ya una canción con una calidad excelente, y de acuerdo a nuestros gustos e indicaciones. Y del mismo modo una película, con lo que el mercado de la música, el cine y la TV podrían entrar en una etapa de revolución, impensada hace poco tiempo. Porque no se trata solo de audio, con los derechos correspondientes, y tecnología mediante, es posible recrear artistas sobre una escenario, cantando y dando conciertos, a pesar de que lleven décadas fuera de la escena musical, o incluso de este mundo, y eso es algo que ya se está haciendo. Volver a dar vida a personas que ni en sus sueños mas locos, podrían haber concebido el ser parte de un espectáculo, sin estar físicamente presentes.
Es evidente que las grandes compañías que llevan monopolizando el negocio de la música, el cine, o el audio, no se van a quedar de brazos cruzados y que les quiten la comida de la boca. Por lo que quizá -en parte-, toda esta movida de comprar los derechos de tantos artistas y su música supuestamente “vieja”, sea una grandísima apuesta por la calidad y el éxito probado. Una forma de anticiparse, y poder trabajar sobre ese material haciéndole modificaciones, actualizaciones, o lo que sea conveniente y necesario, para adecuarlo a todo tipo de público, consumidor, momento y situación, de forma de seguir explotando esos catálogos de probada calidad artística, y que hoy cada vez resultan mas difíciles de conseguir.
El negocio sin duda es muy grande, y donde hay para ganar, siempre hay quien esta dispuesto a invertir. El mundo sigue girando, la música no para, y los gustos varían de generación en generación, o incluso en períodos de tiempo mas breves, pero en todo caso, será interesante para quien tenga la oportunidad de estar en este mundo dentro de 30 o 40 años, ver si los artistas con los que creció en 2024, interesan todavía tanto al negocio de la música, como algunos de los que he comentado a lo largo de éste audio. Igual resulta que el reggaetón se paga mas ¿tú que crees?
Soy Carlos Vitesse, y hasta aquí el Bitácora Mental de hoy, muchas gracias por el tiempo que has dedicado a leer o escuchar éste episodio, y te espero en el próximo. Chauuuu…
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