189- «La chispa de la vida»

Hoy en Bitácora Mental te hablo sobre una conocida bebida refrescante, y los tipos de envases en los que se vende. Te cuento cuál es mi preferido, y opino sobre sus materiales, pero como igual estoy equivocado por falta de información, te invito a escuchar o leer, y si conoces del tema, me encantarías que me comentaras sobre el asunto.

a glass of soda sitting on top of a wooden table
Photo by Tom Paolini on Unsplash

Hace algunos días, me encontraba de paseo en un centro comercial del tipo abierto, en el que los días calurosos del verano se sufren bastante, porque el sol castiga en la mayoría de sus rincones, salvo espacios puntuales en los que se ubican árboles, o estructuras desmontables del tipo “carpas”, pertenecientes generalmente a comercios de restauración.

Y era una de esas mañanas en las que el astro Rey desde muy temprano impone su presencia, con lo que si bien una sombra daba cierto respiro, uno está en esa etapa de la vida en la que prioriza el bienestar por sobre cualquier otro tipo de pensamiento, actitud, o idea. Y eso en muchas ocasiones hace que uno vaya en contra de la mayoría, porque a la hora de ocupar un espacio, -por diferentes motivos perfectamente estudiados-, resulta que opta por un sitio que en ese momento nadie elige, y para los que disfrutamos el no estar en medio de multitudes, eso es la gloria.

Y el día en cuestión, la parada para un rico bocadillo acompañado de una bebida refrescante, fue uno de esos episodios que permiten disfrutar de las cosas sencillas de la vida, en un entorno soñado para quien busca conjuntar aquello que considera “sus imprescindibles”. Y en éste caso resultó un establecimiento conocido, con productos de calidad, y en la parte interior de su local absolutamente vacío, porque todos estaban en la terraza. Así que climatizado convenientemente para que un cliente sienta que está en el sitio adecuado para consumir con el máximo confort, ofrecía esa combinación perfecta que redunda en un disfrute máximo.

El bocadillo de jamón sabía a gloria, y no se quedaba atrás “la chispa del a vida”, esa bebida refrescante que consumen millones de personas en el mundo, y que en sociedad con un trozo de limón, y un poco de hielo que le daba la temperatura ideal, era una fiesta para el paladar de quien percibe diferentes sabores, según el envase.

Y es que hacía tiempo que no tomaba Coca Cola en botella de vidrio. Y a pesar de que como suele decirse “para gustos, los colores”, arriesgaría a decir que éste material que en nuestra niñez era el mas común, supera muchísimo la experiencia gustativa de la misma bebida envasada en plástico, o en lata de aluminio.

Y me pregunto cómo nos dejamos convencer de que teníamos que consumir éste dulce refresco, servido en algo que no fuera de vidrio. Porque la lata todavía, pero la botella de plástico, eso me parece una aberración. Está claro que el vidrio tiene sus inconvenientes, -como todo- pero con el plástico nos vendieron espejitos de colores durante muchos años, como si fuera el Santo Grial, hasta que hace un tiempo, parece que se transformó en el demonio. Y en realidad fue todo para que consumiéramos mayores cantidades por persona, porque en un mismo envase te llevabas litro y medio, 2 litros e incluso mas, cuando antes eran de 1 litro, y cargar varias botellas, pesaba lo suyo. Por tanto estaba claro, un material mas ligero y de mayor tamaño, era coser y cantar, así que a facturar y facturar.

Soy consciente que reutilizar grandes envases de vidrio tenía quizá algún porcentaje de riesgo en cuanto a la salud, costes de lavado y otras cuestiones logísticas, Pero el plástico es un elemento que desde el punto de vista de la salud y el medio ambiente, creo que resulta peor aun. Y lo dice alguien que ha trabajado años en una fábrica de plásticos.

Por eso alucino cuando alguna que otra agua mineral de prestigio alardea de que sus envases son reciclados, algo que se aprecia de inmediato en el color. Y por mas que se le hagan exámenes o lo que sea en cuanto a niveles de salubridad, si un botella de plástico “vírgen” ya tienes sus peros, una reciclada ni te digo.

A veces el tema negocio nos lleva a puntos en los que nos alejamos de lo que nos conviene como consumidores. Recuerdo que en la empresa en la que estaba se reciclaban plásticos y además de productos de tipo vírgen, también había una segunda línea de menor precio en la que se incorporaba cierto porcentaje -bajo- de plástico reciclado. Y era de los propios productos del mismo tipo fabricados en la planta. Es decir no salían del local de la empresa. El cliente decidía si quería el material 100% vírgen o con un porcentaje de reciclado que le costaba menos dinero. Pero había también quien fabricaba el producto (la competencia) -y no me refiero a botellas-, con mayores porcentajes de plástico reciclado, y que además originalmente no habían formado parte de productos descartados del mismo tipo por fallos de producción dentro de la propia empresa. Eran plásticos que venían de otros sitios.

Y recuerdo perfectamente como olía lo que se fabricaba con producto vírgen y aquel que llevaba porcentajes de reciclado. Y eso ocurre hoy mismo no solo en botellas, es una realidad en muchas otras cosas y si la gente viera el camino de un plástico desde que se desecha a la basura, pasando por sitios y procesos hasta volver a convertirse en parte de un nuevo producto que volvemos a adquirir, no lo consumiríamos tan alegremente.

Y reitero que no no estoy poniendo en duda, controles o lo que sea que se haga cuando se utiliza éste material como continente de comestibles. Pero cuando ves pallets de botellas de plásticos descargados al sol en pleno verano con 40ºC, y que igual permanecen horas hasta llevarlos a sitios frescos y oscuros. Lo primero que me viene a la mente es que no me gustaría comer ni beber lo que va dentro.

Y tampoco voy a entrar en discusión si hay migración del material o en qué medida hacia la comida y bebida que contienen esos envases. Porque para eso habría que tener mucha información sobre con qué tipo de plástico se fabrica cada uno de los que se quiera analizar, y muchos otros detalles que no vienen el caso. Creo que en éstas ocasiones lo mas saludable es tirar de sentido común, porque hay realidades que no tienen discusión, y a veces no se trata de porcentajes de riesgo, o sin él, directamente de contaminación y valores en los que algo no resulta tóxico. Cualquiera entiende que ante dos opciones, una siempre puede ser mas aconsejable que la otra. Así que a nivel personal a falta de vidrio, entre una botella de Coca Cola fabricada con plástico o el mismo producto disponible en “lata”, en las mismas condiciones de higiene y conservación, yo elegiría la lata, pero ojo, igual estoy equivocado y alguien me dice que el material o el proceso de reciclado es peor que utilizar plástico. O también que el reciclado del vidrio y la fabricación de nuevos envases resulta altamente contaminante, así que si sabes algo de éstos temas, te invito a que lo comentes.

Y aprovecho desde aquí para lanzar una pregunta a “Jose el camarero” del podcast “Frente al cliente”, porque al menos los sitios que yo frecuento, poco a poco han ido cambiando, y llevan tiempo sirviendo solo Coca Cola en lata. Pero hay otros establecimientos que aun utilizan vidrio, y también quienes te venden en plástico.

Es de suponer que todo es un tema económico, pero a muchos que nos gustaría consumir en el envase individual de vidrio a la hora de estar sentados en un bar o restaurante, nos da curiosidad el tema precios, y la pregunta concreta es. ¿Coca Cola le permite elegir a sus clientes de hostelería en qué tipo de envase quieren recibir el producto, o simplemente algún eslabón de la distribución es quien decide que le llega a cada zona?

Soy Carlos Vittese y quiero cerrar éste Bitácora Mental de hoy enviándole un saludo a Jose, agradecerle desde ya sus comentarios, y por si acaso no conoces su podcast “Frente al cliente”, puedes escucharlo a través del siguiente enlace. 

Muchas gracias por el tiempo que has dedicado a leer o escuchar éste contenido.

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